Batallas por el control de Internet

El plumilla errante
José A. Gaciño

Han vestido la pieza perfecta para iniciar la cacería. Tal como se han esforzado en destacar los medios convencionales, Kim Schmiz (el alemán que se rebautizó como Kim Dotcom para resaltar su dedicación al mundo de Internet) aparece como un personaje de lo menos presentable, con un pasado de pirata informático que incluía el fraude con tarjetas de crédito y por el que ya había sido condenado alguna vez, y con un presente de lujo y despilfarro. El despilfarro y, sobre todo, el lujo son aspectos muy comunes en determinadas esferas sociales, pero, según como se presente ante la opinión pública, puede convertirse en algo abominable. 

En este caso ha servido para justificar su persecución por los cinco continentes, hasta encontrarlo en su mansión de Nueva Zelanda, y para presentarlo como el perfecto canalla de la piratería informática que tan preocupada tiene a las industrias discográfica y cinematográfica de Estados Unidos.  El descrédito moral del personaje sirve también para no entrar en muchos matices jurídicos en torno a las circunstancias de esta operación. Sin ese retrato grueso, sería más difícil de explicar todo ese despliegue policial, con el FBI en plena actuación a miles de kilómetros de su país, para detener y encarcelar sin fianza a una persona (y a otros tres ejecutivos de su empresa Megaupload), a la espera de su extradición a Estados Unidos, bajo la acusación de infracciones de los derechos de autor, delito que no le suena demasiado grave a la opinión pública. 

Si los ciudadanos se centran en la fortuna, los coches de lujo y hasta las armas que este personaje atesoraba, es posible que no se den cuenta de que, en realidad, cualquiera de ellos, con sus inocentes descargas de películas y canciones, ha podido aprovecharse de ese delito del que se acusa a Schmiz y a sus colaboradores. Hasta pueden pensar que, con estas detenciones, se abre la veda de banqueros y especuladores enriquecidos por la crisis, en vez de constituir un paso más hacia el control de ese gran espacio de libertad que había abierto Internet.

Uno tiene la impresión de que, de la misma manera que la crisis causada por la depredación irresponsable de financieros agresivos está sirviendo para desmantelar el estado del bienestar y recortar los derechos de los trabajadores, la defensa de los legítimos derechos de la propiedad intelectual se está utilizando para introducir mecanismos de control de las actividades en la red. Como es practicamente imposible detectar todos y cada uno de los casos de tráfico de contenidos protegidos por el "copyright" -además de que, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de intercambios no lucrativos entre internautas-, las grandes industrias norteamericanas del entretenimiento promueven la persecución de los portales y buscadores que dan cobertura al intercambio gratuito. El argumento es que estos portales y buscadores sí obtienen un beneficio con la publicidad y el objetivo es que se conviertan en los controladores de los intercambios que realizan sus clientes, lo que supone controlar todos los contactos para comprobar cuál es el irregular. Y la violación de la correspondencia solo se produce en las cárceles y en las dictaduras. 

Se empieza por proteger la propiedad intelectual y se pasa a establecer limitaciones en el uso de Internet. Como no han sido capaces de adaptar sus negocios a la nueva realidad de una circulación libre y global, las poderosas productoras cinematográficas y discográficas optan por las represalias y los controles. En lugar de diseñar nuevas fórmulas de comercialización de sus productos para competir en este nuevo espacio, tratan de imponer su oligopolio del brazo del FBI. 

En medio, quedan autores, actores, cantantes... Son víctimas o coartadas de unos o de otros (o de todos a la vez). Ven peligrar su actividad en medio de esta etapa de transición de tecnologías (como los conductores de diligencias, cuando empezaron a llegar los trenes) y tampoco tienen muy claro dónde está la salida. Megaupload, por cierto, estaba preparando un servicio de descargas musicales de pago a través de acuerdos directos con los cantantes. Las discográficas llegaron antes. Esperemos que no sea el presagio de que la libertad empieza a perder espacio en Internet.

 

Comentarios

no caen nada mal. Pero vamos,

no caen nada mal. Pero vamos, que todo esto pensamos, se hizo para remojar la experiencia junto con Facebook Connect, el cual nos permitire1 integrar la mensajereda instante1nea de Faccebook con Skype, asi como

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