Casillas contra Casillas

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

Hace casi 20 años que conozco a Iker Casillas, recuerdo la primera vez que le vi y hablé con él me pareció, a sus 17 años, un chaval con la cabeza muy bien amueblada, un tipo que tenía muy claro lo que quería ser y cómo debía hacerlo, en un mundo del fútbol profesional muy complicado y en un club de una exigencia máxima. Pero ni él ni yo, por mucho que estrujáramos nuestra imaginación, podríamos llegar a pensar, en aquel momento, la impresionante trayectoria que su carrera le iba a deparar. 

Hoy Iker Casillas pasa por los peores momentos de su vida deportiva, cada partido en el Santiago Bernabéu se ha convertido en un plebiscito en el que el portero se siente perdedor; todo en torno a Casillas ha dejado de ser justo, en lo bueno y en lo malo, estableciéndose una especie de mundo paralelo, una lucha descarnada de Casillas contra Casillas, del héroe contra el villano, del santo contra el demonio, en el que en cada jugada se pone de manifiesto la mística del capitán y donde su único respaldo es su trayectoria. 

Casillas sabe que ha sido colocado en el centro de la batalla, que ha sido devorado por las circunstancias, y que su antigua capacidad para generar simpatías es hoy directamente proporcional a la manera de sumar enemigos. 

Afines y detractores se alinean en los medios propagandísticos sin importar razones y argumentos que les amparen y lo peor es que en su alocada distorsión de los hechos han arrastrado a una vulnerable afición, con el beneplácito de quien manda en el club y podría, como tantas otras veces, a golpe de corneta, imponer la paz en la prensa y en el club. 

Casillas vive la situación, distante, frío y ausente; saturado de todo lo que está viviendo y consciente de que su cuota de éxito está agotada. Los pitos desde la grada, que retumban en su cabeza con mucho más estrépito de lo que realmente son, no reflejan sino el olvido y la ingratitud, mientras le van vaciando la ilusión. 

Nada hay peor para un portero que la duda, la desconfianza, es su peor enemigo, el delantero más peligroso al que se puede enfrentar, y Casillas hace tiempo que se encuentra prisionero de ese entorno brutal. 

Yo no sé si Casillas debe o no debe jugar, para eso están Ancelotti y Del Bosque que deben decidir; lo único que tengo claro es que el pasado, por brillante que sea, no concede a nadie el derecho vitalicio a jugar; pero sí el respeto y la consideración. 

"A veces la gente te odia por ser como eres, sé como ellos quieren y te odiarás tú mismo ".

 

@AgCastellote

España

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