Cuentan de un “papelero”

PASE CORTO
ARGENTINA

Cuentan aquellos que se dieron el gusto de conocerlo que era un militante de la vida y de la amistad. Con esa voz ronca expresaba su pasión por el fútbol, los códigos del barrio y las causas justas; y con su exquisita pluma regalaba sentencias y narraciones inolvidables. (Ilustración: Ma. Fernanda Torre).

“De purrete, cuando iba sentado a la ventanilla, en la aventura ferroviaria de un tren que me parecía de juguete, no me podía explicar ese vértigo de los durmientes que se desplazaban como si quisieran atraparme, ni de esos árboles que se me iban quedando atrás. En esos años en que nunca supe qué era la prisa, la urgencia, los objetivos, las metas, eso de aprovechar el tiempo.
En cambio, ahora me atemoriza, me desconcierta, esa descontrolada y ambiciosa necesidad de llegar, de ganar, de alcanzar, de poder, en esa angustiante alternativa del ahorro o nunca...
¿Te acordás, Juan, de aquellas caminatas sin rumbo por las calles quietas del atardecer, charlando de cualquier cosa, de nada quizá, de todo, tal vez, pero con el tiempo para mirarnos a los ojos, para conocernos por dentro, para cambiarnos las esperanzas limpias, los sueños de alas cortas...?”

Cuentan los que lo conocieron que tenía una frase de cabecera para ejercer sus labores periodísticas: “Nosotros vamos, vemos, venimos y escribimos”.

“Y, frente a un pibe de veinte años que te observa con los ojos asombrados y ávidos de respuestas, te tenés que despojar del saco, de la camisa, y ofrecerle al strip tease de tu mayor sinceridad...
¡Vos querés escribir, no, pibe? 
-le pregunté. No, porque aunque parezca pintoresca la pregunta, si querés ser periodista, no es imprescindible que escribas... Se pueden leer noticias, hacer reportajes y preguntar, por ejemplo... ‘¿Qué opina usted de la popularidad?’.”

Él, que nació un 10 de noviembre, continuó:

“¡Ah, me olvidaba...! ¿Sabés qué le dije al pibe de la Universidad? Que le meta adelante con el periodismo. Que es la mejor profesión del mundo. Más que periodista, ‘papelero’. Una hoja de máquina, un papel y... un montón de sueños...”

Le decían “El Viejo”, era admirador del “Charro” Moreno y fanático de la magia del fútbol brasileño. ¡Lo que diría si viera el nivel de la actual verde-amarela! Elogiaba, con justa razón, a Garrincha. Y claro, se emocionó con la aparición futbolística del Diego.
Él era un “hombre común”, disfrutaba del Gordo Troilo, y en sus textos desnudaba cierta melancolía tanguera: “Esta maldita vida, que uno tanto quiere”.

Llegó a la revista El Gráfico a través de Dante Panzeri. ¡Mamita, qué dupla!
Un viaje al país de los pibes, tituló la nota de la edición 2877 de El Gráfico, publicada el 27 de noviembre de 1974. Un informe exquisito, que empieza así:

“Hace unos días estuve ahí, en ese extraño país. Y fue por unas horas, por unas pocas horas de una tarde cualquiera... ¡Y me digo que valía la pena el viaje, sí que valía la pena...! Porque uno, ya maduro y próspero albacea del ayer, encuentra, al menos, la oportunidad para sacudirse de la formalidad adulta, del peso de los convencionalismos elaborados, de la encuadernada pretensión de las frases sonoras... ¡Valía la pena el viaje, sí que valía la pena...! Participar de ese parloteo pueril, adivinar ese incipiente torneo de ambiciones frescas, escuchar la confesión sincera de los proyectos, advertir esa joven vanidad de los sueños todavía vacilantes, presentir los asombros... Extraño país donde no agobian las pesadas órdenes del día, donde la ocurrencia inesperada transita jugueteando desprevenida con el mismo capricho de una pelota en un picado de baldío entre purretes... Así, como lo son Ortiz, Passarella, Bochini y Trobbiani (...)
Pasarella, más ordenado en los conceptos, más ‘intelectual’ tal vez. Trobbiani, más pibe, menos agudo. Alberto Ortiz, el de San Lorenzo, con un cacho más de vida atrás, atrevido en los juicios salpicados de una aparente y veterana madurez. Bochini, más adulto, más reposado, con un exterior hasta austero en las influencias de la moda...
De todos modos, a despecho de los matices, los veinte años de todos, la candorosa incertidumbre de todos, la limpia sinceridad de todos en esa necesidad joven de abrirse, de mostrarse...
Aunque uno presienta un cacho de pena que ya va despuntando el hombre, que ya va germinando el adulto... Que, quizá, de a poco se irán piantando de esa fresca espontaneidad de los sueños... Que tal vez, de a poco, tendrán que ir emigrando de ese extraño país que uno hace ya un largo tiempo dejó atrás en el inexorable devenir del tiempo... Hasta para que uno se diga, tontamente... Siga, pibe; siga soñando... No deje que el tiempo le vaya robando esa edad de ahora... ¡Valía la pena el viaje, sí que valía la pena...!

Cuentan que era un maestro, un genio del periodismo y de la escritura. Cuentan que Osvaldo Ardizzone nos sigue enseñando a casi 30 años de su partida. Y, puff, tienen tanta razón en lo que cuentan.

 

http://www.lmcordoba.com.ar/blog/3_pase-corto/90_cuentan-de-un-papelero

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