Dejad en paz a la muerta

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Abomino de aquellos que ordenan o deciden quitar la vida a las personas. Me estremece el solo hecho de imaginarme por un segundo en la piel del verdugo, que realiza la acción de apretar el gatillo o pulsar un botón que corte para siempre la posibilidad de vida de un prójimo. Matar, asesinar, ejecutar… Verbos que andan muy lejos del corazón de las personas y solo lo conjugan aquellos que tienen el corazón de hielo o, simplemente, no tienen corazón.

Dicho todo esto, me parece repugnante el circo que se ha montado en torno a Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, que perdió la vida presumiblemente a manos de una mujer que se creyó Herodes o Salomón y ajustó cuentas de manera tan drástica como equivocada. A partir de esta noticia, en España se abrió la veda de las palabras mal dichas, de los pensamientos distorsionados, de la mala leche sin freno.

Vivimos en un país que siempre viaja en contramano, una España reino de las envidias, territorio de la codicia, paraíso de los indiferentes y tierra virgen de los corruptos. En este país ni hasta los muertos descansan.

La propaganda del PP quiere hacer mártir y santa a la muerta. Los periodistas afines mezclan el ajuste de cuentas con manos invisibles de dudosa procedencia y guantes de terrorismos. Todo para sacar tajada de la triste coyuntura. Son vísperas de elecciones y hay que volar por encima de correr, hay que seguir mintiendo por encima de la dignidad.

En la acera contraria visten con malos trajes y peores episodios la vida de la difunta. Nadie deja en paz a la muerta. Su desaparición ha agitado el cubo maloliente de las infamias. No hay paz ni en el fondo del océano. Este país está enfermo. 

Foto: Carmen Vela

 

Comentarios

Lo que se comenta de la

Lo que se comenta de la difunta no son infamias, son verdades como puños. La señora era una corrupta de la peor catadura moral, mala hasta decir basta. Y cuando eres tan mala y tan ladrona la gente te detesta. Hay que aprender del presidente Mújica de Uruguay, sólo hay que fijarse en la cara de buena persona de este presidente y después observar la cara de arpía despiadada, aprovechada y avariciosa de la susodicha difunta. La impotencia que generaba su maldad la ha llevado a la muerte. Si los corruptos fueran a la cárcel otro gallo cantaría.

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