El Barça ahoga el sueño del ‘Submarino amarillo’ y es finalista de la Copa

El Villareal, que acabó con 10, sucumbió a los goles de Neymar y Luis Suárez
España

Neymar, por partida doble, y Luis Suárez anotaron los goles del Fútbol Club Barcelona en un resultado idéntico al partido de ida. El Villareal, que tuvo varios destellos de intención e ilusión por una final que nunca ha experimentado, acabó convirtiéndose en el títere de un equipo que no quiso especular con el marcador en ningún momento.

Tomás Pina, que lesionó a Busquets, fue expulsado por una entrada escalofriante a NeymarEl Fútbol Club Barcelona visitaba El Madrigal con una renta de dos goles tras el 3-1 conseguido en su templo. El Villareal, que recibía a un equipo dispuesto a no sufrir ningún problema en el pase a su 37 final de Copa del Rey (tal y como su alineación demostraba), soñaba con alcanzar su primera final en la historia como equipo de fútbol. El césped, la afición y la ilusión se aunaban con mismo propósito: dar un paso para hacer historia.

Luís Enrique alineó el que puede entender como antídoto submarino. Rafinha partía como titular acompañado de un Montoya que se colaba en la alineación de gala del conjunto blaugrana. El Villareal, por su parte, quitaba el protagonismo de Gio , Bailly o Gerard Moreno en el Bernabéu para dársela, de nuevo, a aquellos que podían permitir que el sueño se hiciera realidad: Vietto, Mussachio y Cheryshev.

Tan solo tres minutos hicieron falta para que los tres tenores pincharan el globo amarillo inflado con el aliento de un submarino amarillo que naufragaría en un océano de hielo. Luís Suárez, que demostraba su adaptación al equipo culé, cambiaba la orientación de la jugada con un balón a Messi que esperaba en la banda contraria. El argentino, que tocaba su primera bola del encuentro, ponía una bomba dentro del área para que Neymar rematase la maravilla del canterano del Barça. 0-1, 1-4, y todo a favor para que los jugadores capitaneados por Andrés Iniesta pusieran más de pie y media en la primera final de Luís Enrique como entrenador del F.C. Barcelona.

Desde entonces, y hasta el pitido del final de la primera parte, el Barcelona jugaría su partido contra el reloj, olvidándose de un rival que llegaría hasta en cuatro ocasiones seguidas antes del minuto 20. Vietto, Uche y Cheryshev intentaron tirar de un carro que pesaba más por la carga del cronómetro que por la seguridad de un ¡sí se puede! que se seguía escuchando, cada vez más tímidamente, en el estadio.

Sería un culé, aparentemente de corazón, quien gritaría con el alma de su bota la posibilidad de reavivar un partido para los últimos 45 minutos. Jonathan Dos Santos, tras un centro perfecto de Jaume Costa que ni Uche ni Vietto conseguían rematar, hincaba la pelota en la red en un remate a placer llegado desde la segunda línea. El 6 de los de Marcelino celebraba las primeras, y mínimas, opciones del Villareal en el partido de vuelta de las semifinales de la Copa del Rey. Mientras tanto, Mathieu ocuparía el puesto de un Busquets que abandonaba el terreno de juego tras un choque fortuito con Tomás Pina en el que su tobillo acabaría siendo el más perjudicado. Había partido. Quedaba el último cuarto antes de salir a flote o ahogarse en una quimera que nunca dejaba de ser factible.

La heroica, con 10, imposible

La actitud pasiva del equipo catalán permitió a los asistentes la opción de agarrarse a una heroica que durante 20 minutos nunca dejó de ser tan posible como improbable. Habían corrido ya 10 minutos de juego y los locales probaban al guardameta alemán en varias ocasiones. Messi, intentando emularse, intentaría cerrar el encuentro con una gran jugada que solo Asenjo consiguió parar. El Barcelona, más cómodo de lo que debería, no se hacía dueño de una batalla más psicológica que futbolística. Xavi Hernández, que ocupaba el puesto de Rafinha, entraba para ralentizar aún más el ritmo de un partido que, sin saber ni cómo, se hacía cada vez más blaugrana. Gio, minutos antes, sustituiría a un Uche que jugó con más emociones que resultados. Tomás Pina, fruto de un ‘tic tac’ que sonaba a desconsuelo y lamento, dejaría que su ego endemoniado se cargase las pocas opciones aún patentes en el terreno de juego. Una entrada brutal a un Neymar que parecía difuso en cuanto a su juego dejaría a la tripulación del submarino amarillo con un miembro menos. Roja directa y justa.

Luis Suárez, que ya deja atrás los fantasmas de la adaptación y el gol inexistente, sentenciaría el encuentro con un gol de auténtico delantero. Su cuerpo, usado como un arma bélica que defiende y ataca al mismo tiempo, sería el factor principal para conseguir el gol que simbolizaría el 1-2 en el marcador y el 2-5 en el resultado global. Corría el minuto 29 y ya no había más fútbol que ver, solo el que quedaba por traducir. Dos equipos, con mutuo respeto al contrario, parecían pactar la corrida del tiempo para un final sin mayor lamentaciones. Sin embargo, y con el recuerdo de un penalti errado en el partido de ida más el error de un gol casi cantado en el que Neymar no fue capaz de transformar un ataque de tres contra uno, el brasileño pondría de cabeza la guinda a un pastel que él mismo comenzó y finalizó.

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