La hipocresía de financiar, armar y condenar al Estado Islámico
En estas últimas semanas estamos viendo como los términos “yihad”, “Estado islámico” o “terrorismo islamista” acaparan los mass media más de lo habitual. Esto nace a raíz de los brutales ataques perpetrados por los hermanos Saïd y Chérid Kouachi, pertenecientes a la célula terrorista de Al Qaeda, según aclaraba la organización en un vídeo.
Así, cada vez que en los medios se trata el tema del terrorismo islamista, nunca plantea quién financia a estos grupos (tanto económica como militarmente) para que puedan llevar a cabo todas las operaciones que traman. Vamos a ver algunos ejemplos.
Para hablar de la financiación de los fundamentalistas islámicos tenemos que viajar a Afganistán de finales de los años 70, pero antes comentemos resumidamente el contexto de la época. En Irán se estaba desarrollando la revolución iraní, de carácter islámico, liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini. La Unión Soviética aprovechó la situación para apoyar al gobierno pro-comunista de Kabul y derrocar al presidente Hafizullah Amin, quien había sido acusado por la KGB de acercarse al gobierno de EEUU, como hizo meses antes el presidente egipcio Anwar al Sadat tras la firma de los acuerdos con Israel, como bien explica Mariano López de Miguel en “El fundamentalismo islámico: origen y expansión (de 1979 a 11 de septiembre de 2001)”.
En plena Guerra Fría, EEUU no podía permitir que Afganistán fuese un satélite soviético y que tomase el control de esa zona, así que optó por urdir la llamada “Operación Ciclón”, la cual se basaba en la financiación y militarización de los denominados “guerreros santos” (o muyahidines) con el objetivo de que luchasen contra el gobierno comunista afgano, y cuya consigna era “contra el enemigo ateo”- dicha operación duró 10 años (1979-1989). Los muyahidines fueron formados militarmente por la CIA y por el ISI (el servicio de inteligencia de Pakistán). Hay que recordar que en el bando sublevado islamista -apoyado por EEUU, China, Irán y Arabia Saudí- se encontraba el famoso creador y líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, asesinado años más tarde por un comando de fuerzas especiales estadounidenses.
Esta guerra duró 10 años y le costó la vida a un millón y medio de afganos, finalizando en febrero de 1989, cuando la Unión Soviética aceptaba la derrota y retiraba sus tropas. Pese a esto, la guerra duró tres años más entre el gobierno afgano y los “rebeldes”, que gracias a la disolución de la URSS (esto produjo un colapso económico en el país) pudieron instaurar el Estado islámico en Afganistán.
Guerra civil siria
Ha pasado casi 4 años desde que estallara la guerra civil en Siria, y los “rebeldes” saliesen a la calle a, según ellos, luchar por la democracia. Solo hay que echar un vistazo atrás para comprobar cómo en los inicios del conflicto todos los medios hablaban de los sublevados como de héroes que eran masacrados por el gobierno de Bashar Al-Asad. Cada día los medios se hacían eco de ataques contra civiles, incluso llegando a decir que el gobierno legítimo sirio había usado armas químicas contra su propio pueblo.
Aún así, con el tiempo se ha demostrado quiénes son realmente estos “rebeldes” sirios: Rebeldes islamistas – hay que recordar que Siria es uno de los pocos países laicos de la zona-. Terroristas islámicos que han cometido crímenes deleznables en el país asiático. Pese a no verse en los medios nacionales, era común ver noticias internacionales relacionadas con decapitaciones o barbaries llevadas a cabo por los “rebeldes”, como la de un sacerdote católico que decían que ayudaba a Al Asad. En mayo de 2013, la ONU declaró que tenía indicios de que el gas sarín había sido utilizado por los sublevados, no por el gobierno.
Pero esto no es todo, lo interesante radica en quiénes financiaban a los islamistas (los que aprovecharían esta financiación y apoyo para formar el actual Estado Islámico). Muchos de los países que hoy en día denuncian a los terroristas financiaron en su momento a estos. EEUU y Francia son algunos ejemplos. Los norteamericanos dieron su apoyo armamentístico y financiero a estos. Además, la ex secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, afirmó: “Financiamos mal a los rebeldes sirios y surgió el Estado Islámico”.
Por su parte, Francia financió al brazo civil de estos, como dijo el ministro de exterior francés Laurent Fabius en agosto de 2012 en el Consejo de Seguridad de la ONU: “Hemos decidido […] intensificar nuestro apoyo a las redes de solidaridad locales que trabajan sobre el terreno y preparan la Siria de mañana […] Un número creciente de pueblos, ciudades y regiones se han liberado del yugo del régimen de El Asad y han empezado a organizarse […] El presidente Hollande ha anunciado esta semana nuestra decisión de asistir directamente a los comités de la resistencia que gestionan las zonas liberadas”.
Estos son solo un par de ejemplos que demuestran cómo países que hoy día condenan de manera rotunda el terrorismo islamista, incluso dicen combatir contra él, han ayudado y financiado a estos mismos en momentos de la historia en los que les convenía.
El terrorismo basado en el integrismo religioso es una barbaridad medieval, de eso no hay duda.
Asesinar en nombre de un profeta sin respetar la libertad de expresión es un crimen deplorable, tampoco hay duda.
Financiar y armar a grupos terroristas y más tarde condenarlos y alardear de ello es… democracia occidental. De esto parece que tampoco hay duda.






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