Nada nuevo bajo el sol de la política

EL PLUMILLA ERRANTE
José A. Gaciño

Posiblemente sea exagerada la afirmación de que no hay nada nuevo bajo el sol, por más que para una parte de los creyentes (judíos y cristianos) goce de la autoridad de figurar en un libro sagrado, el Eclesiastés, que, por otra parte, está cargado de escepticismo, casi como una excepción en medio de un conjunto de libros sagrados llenos de mitos y dogmas. Pero es irresistible echar mano de esa referencia a la vista de la campaña desplegada contra el nuevo partido político Podemos, porque algunos de los elementos de esa campaña tienen cierto aire familiar, si hacemos memoria de la desigual trayectoria de la política española desde la transición hasta ahora.

Los socialistas, por ejemplo, antes de sumarse al nutrido coro de perseguidores del disidente, podrían acordarse de aquella publicidad que desplegó la Confederación de Empresarios de Andalucía en la campaña de las primeras elecciones autonómicas andaluzas, a la que la CEA se sumó como un partido más, con mensajes agresivos y tendenciosos contra socialistas y comunistas, vaticinando todo tipo de ruinas si ganaba la izquierda. En aquel año de 1982, el de las rotundas victorias electorales del PSOE (en mayo en Andalucía y en octubre en toda España), la derecha estaba convencida de que los socialistas no iban a durar ni un año en el gobierno, incapaces de afrontar los serios problemas económicos del momento.

Los socialistas gobernaron en España hasta 1996 (más el periodo entre 2004 y 2011) y en Andalucía todavía siguen. No arruinaron la economía más que otros gobiernos y, desde luego, menos que los agentes económicos especuladores, responsables de la mayor crisis financiera del sistema desde la gran depresión de 1929. Es más, una vez en el gobierno, abandonaron gran parte de su programa keynesiano –el que prometía la creación de 800.000 puestos de trabajo– y aplicaron una política de ajuste muy duro para contener la inflación y reducir el déficit, entre otras cosas. Correcciones que volvieron a repetir en 2010, y ampliaron los populares en 2012.

Nada nuevo bajo el sol, hay que recordarles ahora, cuando unos y otros se lanzan a descalificar las correcciones que Podemos está empezando a realizar en sus planteamientos radicales iniciales, para dejarlos en las clásicas propuestas socialdemócratas de las que el PSOE se desentendió hace cuatro años. De planteamientos iniciales y de sucesivas correcciones sobre la marcha habría mucho que contar. Parece que nadie quiere acordarse ahora de que, cuando las fuerzas políticas antifranquistas presentaron sus plataformas rupturistas para restaurar la democracia, todas ellas (desde los democristianos hasta el último extremo de la izquierda) reclamaban, por ejemplo, el derecho de autodeterminación para las nacionalidades históricas.

La derecha considera antisistema a Podemos por hablar de un nuevo proceso constituyente que supere el régimen del 78, pero, cuando Aznar hacía campaña en 1996, hablaba de una segunda transición y no precisamente para superar las aportaciones del PSOE, sino más bien para volver atrás. Lo siguen haciendo y sin molestarse en reformar la Constitución.

Y cuando Izquierda Unida defiende su identidad, temerosa de ser engullida por el nuevo partido emergente, también podría recordar que su origen, su identidad, proviene de las movilizaciones contra la permanencia en la OTAN (por cierto, un giro espectacular en los principios inicialmente neutralistas del PSOE). En esta ocasión, parece que no ha querido o no ha sabido integrarse en la dinámica de las movilizaciones del 15-M y recela de quienes sí han conseguido canalizar políticamente aquellas protestas.

Claro que también Podemos haría bien, a la vista de estas y otras referencias, en adoptar precauciones, no sea que las similitudes de origen con unos y con otros se repitan en parecidos menos respetables y todo desemboque en una nueva frustración de la izquierda y de la democracia.

@jagacinho

 

 

 

 

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