Podemos sabe a esperanza. Y a verdad

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

En el PP a las once y media de la noche salieron ante los medios proclamando “la victoria”. Seguían sumergidos en un mar de autocomplacencia insana mientras que un caudal de votos quedaba perdido en alguna parte. A esa hora de la noche, en el umbral del día siguiente, nadie quiso poner el dedo en la llaga, nadie de ellos, populares indignos, quiso decir que esa derrota tan victoriosa (sigue siendo el partido más votado de España para vergüenza de muchos) se debe a que no cumplieron ni uno solo de los puntos de su programa electoral. Ni uno.

En el PSOE nadie decía nada. Menos Valenciano, que tuvo el destello digno de salir para poner rostro a la derrota. Ellos saben muy bien las razones de esta debacle, lo malo es que seguirán buscando razones y dándose empujones para salir en la foto.

Izquierda Unida se quedó en el camino de siempre: una sonrisa triste que cada vez llega menos a los corazones de la gente.

Podemos sonreía con una energía desbordante. Podemos olía a verdad, a calle, a ciudadano roto por tanta austeridad injusta, por tanto descosido hiriente, por tanta arbitrariedad indigna. Podemos es el joven al que le cortaron el futuro. Podemos es el cincuentón que ya no tiene voz de las veces que ha clamado por un lugar que le arrebataron, ese ciudadano con los nudillos rotos de las veces que llamó a puertas que jamás se abren. Podemos es un río de indignación cuyas aguas se han desbordado definitivamente. Podemos sabe a esperanza. Y a verdad.

Comentarios

"... su nombre me sabe a

"... su nombre me sabe a hierba..." que diría el poeta.

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