El butacón del Garci

La locura mata y no pregunta

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Entre las risas de los niños siempre se filtra un caimán dispuesto a devorar vidas. Y en medio de una negrura devastadora, una flor llamada heroísmo crece fuerte. La locura mata y no pregunta. La estupidez destruye y nunca levanta la bandera. La maldad dispara, destruye y no deja rastro.

Lucas sin apellidos

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Se llama Lucas, sin más, no tiene apellidos. Dice que un día los perdió en el camino, tal vez en algún bar de carretera, puede que a la orilla de una playa, mientras los demonios del alcohol saqueaban su alma. Pero eso ya no le importa a Lucas, pues todavía un hilo de voz sigue conectado al corazón y la vieja guitarra le aguanta.

Ellos serán vencidos

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Puede que el silencio siga abrigando nuestras casas y puede que la noche se lleve vidas y algo más que sueños. Puede que algún día los montes ardan y el mar duerma; puede que el miedo baje la guardia y sea vencido.

La risa se ha vuelto clandestina

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

La lluvia envuelve en capas finas campos y ciudades, mientras el frío muerde todo lo que huela a carne y no impide que el otoño dispare miedos y preguntas. Despiertas y vuelves a ver otro amanecer vestido con traje gris de aburrimiento.

Los pobres nuevos ricos

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Felipe, el hijo del vaquero de Bellavista, que en sus años de abogado laboralista, comía tortilla de patatas despatarrado por los pinares de Oromana y vestía terno de pana mientras leía a Proust con devoción agustina, ni se acuerda de la vez que viajó en clase turista; hoy utiliza los jets de la flota privada de su amigo Carlos (Slim) para desplazarse a cualquier rincón del planeta y veranea en los garitos más exclusivos del océano Pacífico.

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  • Hipócritas

    El butacón del Garci
    José Manuel García-Otero

    Aquella mujer vio cerradas todas las puertas y se buscó una salida. Dicen que ya no tenía más lágrimas, que la luna le andaba muy lejos y las puestas de sol morían bajo una urna de cristal de algún museo. Aquella mujer abrió la puerta a los policías que llegaban para echarla de su casa, se dio media vuelta y creyó por dos segundos que era un pájaro sin voz y sin alas.

    Tal vez despierte España

    El butacón del Garci
    José Manuel García-Otero

    Cuando la esperanza se rompe, te asola el desconcierto. Porque un manto negro lo envuelve todo; a ciegas tienes que cruzar un río de aguas bravas y luego la selva que no conoces. Finalmente te espera el abismo.

    El País que yo viví

    El butacón del Garci
    José Manuel García-Otero

    Yo me acuerdo cuando mi ciudad olía a pan nuevo y a aceituna verde, a cal blanca en las paredes de mi calle y a leche fresca de vaca; me acuerdo de las voces de la radio, de los aviones de Tablada y del blanco y negro de una televisión sonriente y única; también me acuerdo del miedo al ruido de sables y del sonido joven de la Libertad.

    El paro que desangra a España

    El butacón del Garci
    José Manuel García-Otero

    El paro desangra a España y mucha gente ya no sabe si el aire que respira será el último; y cuando mira lejos, el pánico te cierra los ojos, porque el horizonte te desafía lanzándote su guadaña de fuego. Casi seis millones de personas viven hacinadas en la trágica cuneta del desempleo, con el alma rota y los bolsillos llenos de preguntas.

    No dejes que tu risa se escape

    El butacón del Garci
    José Manuel García-Otero

    "La vida no vale nada si cuatro caen por minuto y al final por el abuso se decide la jornada". Es una estrofa que pertenece a una canción de Pablo Milanés, un tipo que se agarró a la vida en el último soplido cuando ya veía la guadaña mortífera escribiendo su nombre en la pizarra de los muertos.

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