Corría el mes de septiembre de 1973 y Belén, mi hija, había cumplido su primer año. Todo era esperanza e ilusión comprometida, en la construcción de un futuro libre sin opresión, democrático y justo. El franquismo daba sus últimas bocanadas, pero todavía tendrían que producirse los últimos fusilamientos. Lejos de aquí, en Chile, comenzaba una trágica historia, una pesadilla de violencia y muerte, contra los Derechos Humanos, la libertad y la democracia.