Añoranza del internacionalismo proletario
No habían dialogado, negociado ni pactado con nadie a lo largo de su legislatura absoluta, en la que han abundado los decretos para entretenerse menos en el parlamento, pero ahora llaman a rebato para salvar la unidad de España. Una cuestión de Estado, claro, que exige que todos cierren filas detrás del gobierno. Una magnífica oportunidad para eliminar del debate electoral todas las cuestiones relativas a las corrupciones y a la precariedad laboral y social con la que este gobierno pretende convencer de que España sale de la crisis. Lástima que tengan que compartir los réditos con Ciudadanos, mucho más creíble en la movilización unitaria que su inmovilismo, pero la inercia del poder –y la debilidad que los socialistas no terminan de superar– todavía los mantiene en el primer puesto en las encuestas y puede que los siga manteniendo hasta el día de las elecciones generales, por mucho que continúen cayendo y los emergentes subiendo.
Y como estos de la derecha practican memoria histórica selectiva, no tienen por qué recordar que ellos en otra cuestión de Estado, la lucha antiterrorista, no sólo no cerraron filas con el gobierno anterior (socialista) sino que movilizaron y manipularon a las víctimas para bloquear la estrategia gubernamental de entonces (que, por cierto, a pesar de esa actividad boicoteadora, consiguió derrotar al terrorismo etarra y poner fin a una etapa siniestra y dolorosa). Tampoco practicaron la responsabilidad institucional cuando decidieron retirarse del debate sobre la reforma del estatuto catalán y promovieron otro boicot, no ya contra la reforma que no les gustaba (comprensible como muestra de disensión política) sino directamente contra los productos procedentes de Cataluña (lo que sonaba a declaración de guerra).
Contribuyeron a alimentar la difusión del sentimiento independentista y, una vez prendido el fuego, tratan de aprovecharlo ahora para calentar sus expectativas electorales. Favores recíprocos, como ha comentado Iñigo Errejón, de Podemos: Rajoy le hizo la campaña a Mas y Mas le hace ahora la campaña a Rajoy. Cierto que, en el primer caso, los resultados no fueron muy contundentes: por un escaño, el capitalista Mas está pendiente, para su supervivencia como gobernante en activo, de las condiciones que le arranquen los revolucionarios anticapitalistas de la Candidatura d’Unitat Popular. En el segundo caso, está por ver qué nivel de limpieza y transparencia le exigirán a Rajoy sus hipotéticos socios futuros para dejarlo seguir ejerciendo de Don Tancredo.
Entre las jugadas electoralistas de unos y de otros, retroalimentándose a base de manipular los sentimientos encontrados de sus respectivos electorados, anda peligrando por medio la convivencia de los pueblos y el equilibrio social, con la curiosa coincidencia de que, a la cabeza de los que tratan de gestionar cada uno de los bandos, aparecen sendos representantes de ese capitalismo especulativo que puso en marcha hace siete u ocho años, al hilo de la primera gran crisis financiera de este siglo, esta nueva era de precarización universal. Como para sentir añoranza de aquellos sueños del internacionalismo proletario.
@jagacinho







