Déjalo

ESPAÑA

Después de verlo decorar durante años muchas estanterías, ayer me decidí, -por fin y sin pensarlo demasiado-, a leer el libro de autoayuda más vendido en el mundo, un éxito rotundo para el autor que se ha forrado con el negocio de inventar un método contra el tabaquismo. Allen Carr es el aguerrido ex-fumador que escribió “Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo”.

Desde los primeros párrafos me enganchó, lo confieso, debe estar en mi naturaleza semejante proceso. Carr se expresa al estilo del más convincente telepredicador defendiendo una causa justa y me encontré morbosamente fascinada por el hecho de saber, con tanta contundencia y razón, que los fumadores somos víctimas de la nicotina, adictos y obsesivos, atrapados por esa dañina droga; seres enfermos que nos creemos fuertes, pero sin la suficiente voluntad como para dejar un vicio compulsivo, repugnante, maloliente y asesino. Me encontré asintiendo con la cabeza repetidamente a cada párrafo, mientras las letras me bailaban delante de los ojos, y soñando desesperadamente con el placer de volver a encender un cigarro. Ese placer…

Será ficticio, será letal, será un gran error, pero de momento fumar sigue siendo un placer. Y dejarlo es una lucha continua y agotadora, igual que renunciar a lo que nos gusta, igual que abandonar lo que queremos. Hay una resistencia interior que maneja las excusas como espadas y los pretextos como montañas inaccesibles. Disculpas, justificaciones, evasivas o subterfugios combaten en la misma batalla de una guerra interminable. Renunciar, alejarse, abandonar supone un reto y más después de un año muy duro en el que he tenido que lidiar con la tristeza de ver que otros sí eran capaces de irse y buscar la felicidad en otro lado. He visto gente a la que no le importa dejar a otro con su soledad o su pena. He visto personas a las que solo les importa lo que les interesa en ese momento. He visto con dolor e impotencia lo que ya no tiene remedio. He visto alejarse a quien tanto quería. No sé si vi egoísmo o supervivencia, afectos débiles, personalidades volubles o cambios valientes, pero sé que -por ahora- soy incapaz de dejar lo que quiero por muy dañino que sea.

Le doy vueltas al libro y pienso que, tal vez, la clave esté en la segunda parte del título : “… si sabes cómo”. Tendré que leerlo hasta el final, tendré que saber cómo dejarlo y no esperar, como siempre, a que el tabaco me deje a mí.

@Mara_BC

 

 

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