Más allá de lo aparente

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

De todas las cosas que han ocurrido en el mundo del deporte durante el fin de semana, me quedo con una que, con toda seguridad, ha pasado desapercibida, no va a tener espacio en los medios de comunicación y que son de esas historias que, engrandeciendo el deporte y a los deportistas, quedan devoradas por un día a día ajeno al romanticismo del vencido y a esa desconocida soledad de la incomprensión que persigue al perdedor. Pocas veces he visto en la derrota una explosión de alegría tan grande, unos ojos tan llenos de energía y un sentimiento de felicidad como el que creí ver anoche en J.B.Holmes, pese a no ganar el Cadillac World Championship, un oficioso campeonato del mundo de golf, cargado de prestigio, puntos y cientos de miles de dólares, que todo profesional sueña con ganar alguna vez en su carrera. El segundo puesto de Holmes, después de ir liderando el torneo hasta el final era, más motivo de decepción que de júbilo en un deporte en el que para los perdedores sólo quedan las migajas del festín; pero esos ojos, esa mirada, dibujaba que existía algo más allá de lo aparente. J.B.Holmes era, hace cuatro años,un prometedor jugador de golf que amenazaba muy seriamente el dominio de los más poderosos jugadores del momento. No en vano partía como uno de los favoritos para ganar el PGA Championship 2011 junto a los Woods, Mickelson y compañía. Cuando disputaba la primera vuelta se dio cuenta que algo andaba mal, dolores de cabeza, mareos y problemas de visión, así como vértigos, le hicieron abandonar precipitadamente el torneo y someterse a una batería de análisis y pruebas médicas que le pusieron frente al peor escenario. Holmes sufría defectos estructurales en el cerebelo que le obligaban a pasar por el quirófano para extraerle un trozo de cráneo. Una operación difícil, comprometida y que no solo ponía en riesgo su carrera deportiva sino la propia vida. El americano no tuvo más remedio que mirar a los ojos a la muerte y sin encerrarse en sus miedos iniciar un largo viaje hacia lo desconocido, en la certeza de que debía aferrarse con todas sus fuerzas a la vida porque al final, nadie moriría por él. 

No fue nada sencillo porque un mes después de la complicada operación tuvieron que volver a abrirle la cabeza por segunda vez por una reacción alérgica producida por el adhesivo de titanio que se le puso en la base del cráneo. Un nuevo infortunio, una nueva amargura y otro mazazo difícil de digerir, aunque en ese momento, Holmes ya había decidido plantarle cara al destino. Un año después de la operación, los médicos le dieron el alta y le autorizaron a volver a jugar al golf. 

J.B. tomó dos decisiones, la primera guardar el trozo de cráneo que le extirparon, en una estantería del salón de su casa para recordar cada día lo afortunado que era y que la vida le había dado una nueva oportunidad y la segunda, entrenar y jugar con la fuerza de estar disputando, en cada tiro, en cada golpe y con cada putt, la bola definitiva del juego. 

Trabajó, se esforzó y luchó tanto por volver, que esa ambición por acortar los plazos, le llevó a tener que pasar otras dos veces más por el quirófano; pero ya era igual, porque la cuenta atrás, la otra cuenta atrás, estaba en marcha. 

Sí, era cierto; en su mirada existía algo más allá de lo aparente, por eso a J.B.Holmes no le faltaban motivos para sonreír pese a la derrota, por eso anoche su felicidad era completa, aunque muchos no lo entendieran. Por eso sus ojos le delataban. 

Él es un héroe y nosotros necesitamos de héroes como él para seguir avanzando. 

@agcastellote

España

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