El arte de lo abstracto
Que el fútbol vive de ilusiones, es algo que todos tenemos claro; que de esas ilusiones muchos se aprovechan, es tan obvio como lo primero, y que nunca en el deporte se hizo tan patente aquello de que una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la realidad, cae por su propio peso en este particular escenario en el que, cada semana, se cambian argumentos, intenciones, protagonistas y festejos, en función del autor del gol y al calor del último resultado. Digo esto, después de que lo ocurrido el pasado fin de semana haya provocado un nuevo reparto del título de campeón de liga en este pintoresco y aleatorio prorrateo que en cada jornada realizan prensa y afición, sin tener más consideración que lo que dicta bolsillo o corazón.
Real Madrid y Barcelona, Barcelona y Real Madrid van moviéndose arriba y abajo, van ocupando portadas de euforia y desesperación, menospreciando al resto de los actores, socavando el trabajo y profesionalidad de sus jugadores en la medida de lo que haya sucedido en el día de ayer y olvidando los muchos mañanas que quedan por llegar. Lo cierto es que la liga está más apretada que nunca y con 13 jornadas por celebrar, 39 puntos por disputar, pensar que con tan solo 8 de distancia entre primero y cuarto, con un calendario cruel e implacable, con unas plantillas cortas y descompensadas y un cúmulo de esfuerzos que empezará a poner límites y barreras, se pueden gratuitamente repartir títulos de humo y ventajas de parafina, solo puede entrar en el terreno de lo virtual.
Siempre me ha llamado la atención en este circo la delgada línea entre el éxito y el fracaso, lo aleatorio que resulta la realidad de las cosas, sin que nadie entienda que tan sutil diferencia incorpore a la historia al primero y relegue a los infiernos al segundo.
Es una fórmula en la que se ofrecen sueños y se trafican ilusiones en ejercicios cabalísticos, conjeturas o cuentas de la lechera que no tienen más sentido que generar un estado de opinión, mientras enciende la siempre humeante hoguera.
Que la línea roja la delimite un partido, cuando quedan 13 por jugar produce vértigo, pero no tanto como lo que está por venir. Vayan preparándose porque a partir de hoy comienza la otra liga, esa de realidades dependientes, sujetas a leyes no escritas. La de los escándalos, la de los árbitros, la de las manos negras, los penaltis y complots indecentes. La liga de mentira en la que se trufan relatos, donde los ejércitos se parapetan con el único objetivo de desgastar al enemigo, donde la verdad y el engaño, lo justo y lo injusto comen en el mismo plato, para perderse en un laberinto indescifrable, ya está en marcha.
Discernir la realidad y la ficción no será sencillo, no nos lo pondrán nada fácil; la liga entra en su recta final. Bienvenidos al auténtico arte de lo abstracto.
@AgCastellote





