El misterio de los depósitos: ¿qué son y cómo funcionan?
Un depósito a plazo o imposición a plazo fijo es un producto financiero que ofrecen las entidades bancarias. Consiste básicamente en la entrega al banco de una cantidad de dinero durante un período determinado de tiempo, terminado el cual se recupera el dinero incrementado con los intereses pactados previamente.
Dependiendo del tipo de depósito, los intereses se pueden ir recibiendo de forma periódica en vez de al final del plazo o incluso en forma de regalos (vajillas, televisores, etcétera)
El tipo de interés es el precio que el banco pagará por el dinero depositado, aunque a la hora de comparar diferentes ofertas de depósitos lo mejor es utilizar la tasa anual equivalente (TAE) en vez del interés nominal porque es un indicador más fiable de la verdadera rentabilidad de la operación. La TAE incluye el tipo de interés nominal menos los gastos y comisiones que nos aplique el banco con lo que obtendremos una idea más realista del rendimiento de nuestros ahorros. Lógicamente, a la hora de comparar estos productos tenemos que asegurarnos de que el plazo temporal sea el mismo.
Cuando se tiene un dinero extra que no se va a utilizar durante un tiempo y se le quiere sacar partido sin invertir en productos de riesgo, un depósito puede ser una buena opción. Es importante antes de contratar asegurarse de las condiciones específicas, ya que en algunos depósitos no se puede disponer del dinero hasta finalizado el plazo o recuperarlo antes de tiempo puede conllevar gastos y penalizaciones. A través de internet podemos obtener mucha información de cada producto y sus condiciones, en la web de Self Bank por ejemplo, encontramos un depósito con disponibilidad total del dinero, sin comisiones ni gastos y hasta un 3% de TAE.
El interés que podemos conseguir para nuestro depósito suele depender del mercado y de la necesidad que tenga la entidad bancaria de captar fondos en el momento de contratar. Aunque normalmente se trata de un número fijo, cada vez son más frecuentes los depósitos con tipos de interés variables o mixtos, que tras un plazo inicial con interés fijo, aplican un tipo variable ligado al valor de un paquete de acciones o a la evolución de algún índice económico concreto. Para terminar, hay que recordar que los intereses recibidos se consideran rendimientos de capital, por lo que al hacer la declaración de la renta se integran en la base imponible del ahorro.








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