La humillación inmerecida
Reiterando su comportamiento irregular, el presidente en funciones ha participado de la cumbre europea, un tanto confundido y aparentemente encantado de representar su papel de jefe de gobierno español. El estilo de gestión a que nos sometió durante cuatro años está reflejado en este viaje. Sin acudir al Parlamento, único órgano de representación legítimo en estos momentos, prefirió ajustarse a la idea que él representa a los siete millones de españoles que lo votaron. Con eso basta. Que el Parlamento es un trámite molesto.
Con mirada atenta a los ojos de Cameron, Rajoy le informó de las intenciones que pretende para nuestro futuro inmediato: elecciones el 26 de junio. Al resto de españoles nos puede servir como muestra de un tipo de personaje que ha puesto a España de rodillas. Los españoles podemos sentirnos humillados con un comportamiento de esta naturaleza. Al primer ministro británico debe concedérsele, por el contrario, que responde, o eso pretende, a los intereses de su Estado. Porque de eso se trata, de acceder a un cargo electo para atender las necesidades de la población, con todos los matices que su heterogeneidad obliga.
Humillados también, entonces, porque la posición española no se debatió debidamente en sede parlamentaria, pese a que sus consecuencias afectarán directamente a los ciudadanos españoles que se encuentran en el Reino Unido. Una prueba de su desprecio ya la anticipó con las limitaciones objetivas que les impuso para que pudiesen ejercer su voto. Ahora, les da la puntilla sin ningún consenso parlamentario nacional que lo avale para el sentido de su posición. Es un presidente en funciones de una democracia en funciones.
Nadie puede arrebatarme el orgullo de ser español, lo que si pueden, desde una posición de ventaja amparados en las artimañas, es indignarme por actuar de manera escasamente decorosa. Definidamente humillante. Presto a estrechar la mano de su interlocutor, creo que el jefe de gobierno en funciones ha olvidado en dónde reside el mandato de su cargo: en el actual parlamento. No en el que lo aupó a una mayoría absoluta basada en sus once millones de votos, circunstancia que nos trajo hasta aquí. Es un matiz que parece olvidar él y sus portavoces.
La presión que están ejerciendo desde los colectivos empresariales, mediáticos y religiosos, deja a las claras que desean torcer la voluntad ciudadana expresada en las urnas. Es humillante que desconozcan la realidad parlamentaria que refleja esa voluntad. Lo es también, que los líderes de las formaciones con representación parlamentaria estén parodiando una voluntad de formar gobierno, cuando en realidad nos ofrecen una mera política de eslóganes. De portadas de medios. Estos líderes están más preocupados por su supervivencia, que por la de que 2.800.000 niños españoles se encuentren en riesgo de pobreza. Esto es, uno de cada tres, en relación a 2012 según Eurostat. No me extenderé a describir las condiciones de otros colectivos de ciudadanos. Sería doloroso.
Debemos concluir que no tenemos, y no hemos tenido en general, presencia en los foros internacionales para representar a esos españoles que exigen respuestas. Sí, en cambio, nos da la impresión que en estas últimas legislaturas se ha ido para representar los intereses de grupos económicos. Esto no estaría mal si no fuese que por resultado sólo se ha beneficiado a esos grupos, muchos de los cuales aplican la elusión fiscal. Es decir, sus beneficios no revierten en la calidad de vida del conjunto. Este es un ejemplo de humillación que no debe de continuar admitiendo. La ruta del dinero entre las contrataciones y la corrupción que investigan los jueces, es la energía que alimenta esta inquietud creciente en que se produzca un cambio de modelo.
Si las urnas no reflejan la opinión publicada, peor para la opinión pública. Cualquiera diría que se desea torcer la voluntad de los electores.
Regresando a la dimensión de la política funcional, aquella que resuelve necesidades generales, deberíamos exigir que nos definan si están por la labor de responder a los intereses generales o si su propósito es mantener los privilegios de las estructuras partidarias. Si fuese esto último, sería humillante para los restos de dignidad que aún le restan a los españoles de bien.
La mayoría.
@Reseneka
http://www.publicoscopia.com/opinion-politica/item/5498-la-humillacion-inmerecida.html







