París y Europa, entre la guerra y el terrorismo
Von Clausewits dice de la guerra que ella corresponde al ejercicio continuado “…de la política por otros medios”. En alguna medida, sin contradecirlo, es la demostración del fracaso de la política.
En su obra “De la guerra”, dice Clausewits: “No vamos a comenzar con una definición pedante y defectuosa de la guerra, sino que nos limitaremos a su esencia, el duelo. La guerra no es otra cosa que un duelo en una escala más amplia. Si concibiéramos a un mismo tiempo los innumerables duelos aislados que la forman, podríamos representárnosla bajo la forma de dos luchadores, cada uno de los cuales trata de imponer al otro su voluntad por medio de la fuerza física; su propósito inmediato es derribar al adversario e incapacitarlo de ese modo para ofrecer mayor resistencia”. Concluye el autor de la siguiente manera: “La guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario”.
La guerra, por tanto, debe considerarse como una acción encaminada a lograr el dominio de la voluntad del vencido por parte del vencedor.
Si acordamos que el Terrorismo es la dominación por medio del terror. Que procura el control a partir de actos violentos, cuyo fin es infundir miedo. El terrorismo, por lo tanto, desde allí busca coaccionar y presionar a los gobiernos o la sociedad en general, para imponer sus reclamos y proclamas. Una vez obtenidas, el terrorismo carece de base para su existencia.
Por su parte, con la palabra “atentado”, se designa todo acto intencional, doloso, y violento, realizado por una persona o grupo de ellas contra otra u otras. Las víctimas u objetivos, podrán ser personas públicas o civiles, o contra bienes y propiedades ajenas, públicos o privados. Siempre, con el fin de ocasionar un daño público de magnitud, como la muerte en el caso de las personas o la destrucción si se trata de objetos.
Prácticamente todos los estudios definen que “quien” o “quienes” realizan un atentado, pueden hacerlo con cualquier tipo de armas de fuego o no, generando incendios intencionales, colocando bombas, o utilizando medios para causar daño. Por ejemplo, en el atentado a la AMIA, la Asociación Mutual Israelita Argentina, ocurrido el 18 de julio de 1994, en Buenos Aires. El atentado se produjo usando un coche bomba. Ochenta y cinco muertos y trescientos heridos fue el saldo del ataque. Su objetivo fue un colectivo humano concreto: la comunidad judía.
En cambio, el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sufrió un atentado terrorista que destruyó las torres gemelas haciendo impactar aviones sobre ellas, asesinando alrededor de 3000 personas con más del doble de heridos. Fue un ataque al conjunto de ese país. De la misma manera en los atentados de Atocha del 11M, fue un ataque al conjunto de los españoles. ¿Podríamos considerar a estos Actos de Guerra?
España fue víctima de este fanatismo que atribuyó, muy probablemente, al conjunto de los españoles una parte de la responsabilidad en aquellos episodios.
En todos los casos fueron grupos diferentes. En esta ocasión, se trata del primer ataque del Estado Islámico en Europa.
En cualquier caso, pese a que unos y otros lo niegan, el ideario colectivo puede estar tentado a resumir la situación en una cuestión religiosa. Pocos mencionan los intereses en juego, en el control de los recursos energéticos de aquellos territorios. Los denominados “daños colaterales” pueden perfectamente haberse convertido en la justificación para inmolar a los integrantes del Ejercito Islámico.
No en vano, en una buena parte de la ficción cinematográfica y de series, se ocupan de estos asuntos. El uso de drones para acciones “quirúrgicas”, las respuestas en forma de ejecuciones a los rehenes, mayormente occidentales, fue un salto cualitativo.
En declaraciones esta mañana a una emisora de Buenos Aires, el sociólogo ALAIN TOURAINE estimó que el ataque en París es un “acto de guerra”. En el programa Hora 25 de la Cadena Ser, el antropólogo Javier Aroca definió el episodio, en la misma noche de los sucesos, como una ampliación del escenario de la guerra. Coincido con ambos.
Estamos en presencia de las consecuencias imprevisibles de una escalada bélica, de relaciones de financiación opaca a grupos involucrados en los diferentes frentes en los que se vienen desarrollando las acciones en Cercano Oriente y Medio Oriente. La desestabilización producida desde la guerra de Irak en adelante, sin entrar en antecedentes previos, tiene en los acontecimientos de París una directa relación.
El ataque a Charlie Ebdo de hace once meses dejó demostrada la vulnerabilidad del sistema de seguridad de los estados. Presumo que esta circunstancia pueda dar lugar a una sucesión de ataques similares. Lo cierto es que todo el sistema de inteligencia e información de Francia ha fracasado. Téngase en cuenta que una operación de esta envergadura no es una cuestión menor, en términos de logística y recursos.
El comunicado del Estado Islámico dejó a las claras que esto no será un ataque aislado. La neutralización de estas amenazas requiere una revisión de las acciones y sus consecuencias, y de los mecanismos preventivos. Con la mera represión y restricciones, mucho me temo que los resultados no serán los deseables.
Los atacantes, aparentemente, son franceses. No se sabe hasta dónde están infiltrados. Saben dónde dejar demostrada la fragilidad de las ciudades. No estamos en presencia de una guerra convencional. Ello supone que las restricciones al acceso y salida por las fronteras muy probablemente sean una acción que apunta a demostrar a la opinión pública que las autoridades están tomando medidas. Sus efectos, espero y deseo equivocarme, tal vez no resulten efectivos.
Las fisuras entre los colectivos étnicos y religiosos puede que hayan llegado para quedarse. En Francia se estima que hay unos seis millones de musulmanes franceses. Este colectivo, que se acumula en los suburbios de París y otras grandes ciudades, puede quedar bajo los focos de un electorado, que buscará compensar a las numerosas víctimas de los ataques. No es disparatado afirmar que el Frente Nacional será el ganador de las próximas elecciones en Francia.
Desde el punto de vista del coste beneficio de ese escenario, mucho me temo también, que las consecuencias serán una ampliación de la brecha entre colectivos étnicos y religiosos, entre países, y entre áreas geográficas. La cuestión de los refugiados será resuelta de manera imprevista, desde la perspectiva de los Derechos Humanos. El ataque de París cierra la posibilidad a otras posibilidades. Polonia y Hungría ya lo cerraron
Por todo, sería oportuno descubrir de una vez, quienes están financiando al Estado Islámico. Quienes les suministran las armas. Cuáles son los soportes que permiten que unas pocas decenas de miles de combatientes tengan en jaque al resto del mundo. Cortar esos apoyos puede ser un modo de neutralizar o, al menos, disminuir, las acciones de este Estado Islámico.
Que no se utilice la sangre de los asesinados para justificar un incremento de la intensidad del aparato de guerra convencional.
Va siendo hora de llevar a cabo actos que esclarezcan el origen de estos episodios crueles. Seguramente entre las víctimas del ataque pueda haber personas musulmanas. No nos convirtamos en lo que combatimos.
¿Me explico?
@reseneka







