El silencio de los corderos

EL COLOR DEL CINE
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“Una vez, un empadronador intentó ponerme a prueba. Me comí su hígado con frijoles y un buen Chianti.” Así es Hannibal Lecter, así de tajante es este personaje que muchos conocimos en El silencio de los corderos, como yo, siendo ya 'mayorcitos'. Otros, tuvieron la suerte de conocer antes el libro homónimo de Thomas Harris o, en su defecto, ver la película en su estreno. Sea como fuere, esta película no deja indiferente a nadie. A pesar de que pueda parecer que esta cinta solo puede sorprenderte una vez, no es así: da igual las veces que la veas, El silencio de los corderos nunca dejará de impresionarte. 

Clarice Starling es una aspirante al cuerpo del FBI con un expediente académico impecable. Bajo las instrucciones de su jefe, Jack Crawford, Clarice debe visitar a Hannibal Lecter, un antiguo psicoanalista convertido en asesino que se encuentra recluido en una prisión de alta seguridad y conseguir sacarle alguna información sobre los patrones de conducta de uno de los asesinos en serie que el FBI busca: Buffalo Bill.

En resumidas cuentas, esa es la sinopsis de este peliculón con todas las letras. Quizá pueda parecer un atrevimiento realizar dicha afirmación pero estoy prácticamente segura de que el 95% de las personas que lo hayan visto (tirando por lo bajo) estarán de acuerdo conmigo: No hay un segundo en el que quieras separar los ojos de la pantalla, la intriga te mantiene atento, al borde de un ataque de nervios, esperando a cada segundo una nueva escena en la que Clarice visite al doctor Lecter, esperando un nuevo quid pro quo.

Las mariposas - o las polillas - tienen una gran presencia en el largometraje. No podemos hablar de este filme y dejarlas pasar. Las mariposas simbolizan la metamorfosis; el cambio. Cambio que no deja de ser el eje principal del argumento de El silencio de los corderos, ese cambio que simboliza Buffalo Bill, quien pretende hacerse un traje con pieles de las adolescentes que secuestra y despelleja. Ese cambio que, por otro lado, también padece Clarice Starling, que evoluciona desde ser una chica débil en un mundo de hombres a ser una mujer fuerte que demuestra a todos su valía. Podemos ver a estos insectos incluso en el cartel y es, con mayor importancia en la trama, lo que lleva a la inspectora Starling a llegar a la conclusión de estar en la casa del asesino. En el filme las vemos por primera vez en la garganta de una de las chicas. Pero, ¿qué es en realidad el capullo que sacan de la garganta? ¡Ositos de gominola! Inverosímil, ¿verdad?

Muchos, por otro lado, se han planteado que otro director hubiera sacado más partido a esta historia - cosa, que por otro lado, veo difícil. Además, cuestionar si otra persona lo hubiera hecho mejor que Jonathan Demme es, para mi entender, un debate absurdo y desfasado. Sería, simplemente, diferente. En cualquier caso, considero firmemente que la realización de esta película es impecable. Magistral, solo hay que fijarse en alguna escena como, esta, mi favorita, en la que ya han trasladado a Hannibal a su nuevo destino después de desvelar supuestamente el nombre del hombre que tiene secuestrada a la hija de una senadora, y su celda es tan solo "provisional". Starling le visita en busca de más información sobre el perfil de Buffalo Bill y la chica acaba hablando de los míticos corderos que dan nombre al filme.

Este director usa los primeros planos en el momento adecuado, para mostrarnos esa cara de psicópata que Anthony Hopkins da a su personaje, insertado en una secuencia de plano contra plano, típica pero adecuada, para una secuencia en la que prima la maestría del diálogo entre los personajes. El montaje es simple, pero no por ello resulta una desmejora para la película. La película es sanguinaria, pero no ese tipo de película sanguinaria que acaba dando hasta pavor. No. La sangre no se nos muestra directamente, no de una tan forma explícita. Pero el espectador puede imaginárselo, y bien imaginado.

A pesar de que el doctor no es el personaje principal, sino Clarice, el caníbal se queda en la mente de todo el que lo ve.  No sé explicar por qué, si por la genialidad de su personaje, quizá por la actuación espectacular de Hopkins o, simplemente, una mezcla de ambas, pero realmente me parecen brutales todas y cada una de las escenas en las que aparece. Su personaje me hizo plantearme una cuestión: ¿no sería posible que un ser así existiese de verdad, una persona con un nivel de inteligencia y una suspicacia tan superior que llegase a la locura extrema? Ya se sabe que la realidad, muchas veces, supera a la ficción. No hablo ya simplemente del canibalismo, sino del desquicio. Un genio loco. Si bien es cierto, que la historia nos ha dejado algunos ejemplos como Edgar Allan Poe, Isaac Newton o ¿por qué no? el español Salvador Dalí. Sinceramente, creo que la inteligencia suprema lleva a la locura más intensa. Pero esta no es la cuestión que nos ha traído hasta aquí, sigamos con lo nuestro. Hannibal es un hombre culto, refinado, amante del arte; alguien de quien no te imaginas su, digamos, "doble personalidad".

Jodie Foster es la actriz que da vida a Clarice Starling y que además lleva el peso de la trama. Su personaje es clave y, aunque puede estar eclipsada por su compañero de reparto, demuestra su valía con este papel. Clarice y Hannibal crean un vínculo extraño durante la película y, a pesar de las recomendaciones de su superior, ella confía algunas de sus intimidades al criminal. Starling parece una chica débil, pero demuestra ser una mujer fuerte y con coraje. Es novata en el cuerpo y eso se ve en la película, Foster logra transmitírnoslo como es debido. El momento en el sótano de Jame Gumb merece, cuanto menos, una mención. En ese momento, mi estómago estaba situado en mi garganta. Cuando las luces se apagan y todo se ve a través de las gafas nocturnas de Gumb, la tensión puede palparse. Puede que esta sea una de las mejores actuaciones de Jodie Foster. Ejemplar es, al menos.  El elenco de este filme se complementa con Scott Glenn, Ted Levine o Anthony Heald, de quien me gustaría destacar a Ted Levine en su papel de absoluto demente. La expresión de la cara del actor cuando se mira frente al espejo, ocultando sus genitales y con su singular "peluca" colocada en su cabeza, es fascinante.

En fin, todo lo que yo pueda decir en estas líneas se queda corto para una película que ganó en el año de su estreno, 1991, cinco premios Óscar: mejor película, dirección, guion adaptado y actor y actriz principal, además de un globo de oro y dos BAFTA. Y por supuesto, si eres uno de esos raritos -sin ofender, pero es que... ya es hora -  que vive aún sin ver El silencio de los corderos, espero que estas líneas te motiven para verla; en caso de que la hayas visto, espero que te haya agradado mi reseña. En todo caso, espero vuestros comentarios y opiniones.

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