Siempre lo mismo, siempre igual, haciendo las cosas con el corazón y olvidándote de la cabeza; cuando te ponías cabezota, como buen cántabro de El Astillero, nada ni nadie te podía cambiar; por la derecha, pues por la derecha; por la izquierda, hala, todos a la izquierda; como solías decir, la primera impresión es la que vale; y por eso toda tu vida, llena de piedras, de trabas y sinsabores; tus decisiones fueron tan viscerales que ya no sorprendían a nadie; pero lo has vuelto a lograr,