En los últimos meses asistimos, no sin sorpresa, a la auténtica reválida que cada partido pasa la selección española de fútbol; un examen, después de seis años de éxitos ininterrumpidos, donde se evalúan méritos y fracasos, siempre comparándolo con la época de mayor esplendor en la historia de nuestro fútbol, en un mundillo excesivamente expuesto al componente emocional a la hora de utilizar el pasado para valorar el nuevo panorama y acostumbr