El legado
Comienza un nuevo ciclo para la selección española de fútbol, ¿Cuántas veces han escuchado o leído esta frase en las últimas semanas?¿Cuántos debates han podido seguir desde el final del último mundial en los que se trataba, casi siempre de manera apocalíptica, el llamado fin de ciclo, fin de etapa o fin de una generación inigualable en nuestra selección de fútbol? Lo cierto es que la prematura y sorprendente eliminación de España en Brasil, unido al adiós de jugadores que han sido importantes en la construcción y desarrollo de este maravilloso proyecto, ha sembrado de dudas, ha vuelto a poner bajo sospecha el trabajo y el estilo que tanta gloria nos dio, que tanto nos costó encontrar y que algunos tratan de envolver en una retahíla de peros, en un ruido ensordecedor al calor de la polémica, el escándalo y la audiencia.
Estamos ya, desgraciadamente, acostumbrados a crear mitos para luego derribarlos, a encontrar sombras donde solo hay reflejos y a establecer innecesarias comparaciones, inútiles y equívocos debates, que los maestros de lo absurdo manejan a su saber y entender para conseguir réditos.
Es una especie de cacería en la que los que ayer eran ídolos a los que se rendía pleitesía, hoy son pesadas losas que se mueven entre las urgencias de todos y los intereses de algunos, sin que el hecho de haber conseguido para España el mayor éxito deportivo de la historia les otorgue un mínimo crédito para volver a ilusionarnos.
Y es que en nuestro deporte y más en el fútbol vivimos el hoy con una frivolidad pasmosa; hace tiempo que hemos dejado de creer en nuestros deportistas para creer únicamente en sus victorias, en medio de un entorno que lo devora todo, que lo destruye todo, sin querer entender que esto es deporte y que, como la felicidad, el triunfo nunca está asegurado. Nadal, Alonso, Contador y tantos otros podrían darnos grandes lecciones de cómo, para ganar, hay que saber perder, y cómo el éxito, caprichoso, camina siempre de fracaso en fracaso sin perder nunca el entusiasmo.
Creo sinceramente que a la selección hay que dejarla trabajar en paz, que se ha marchado gente importante pero que nos han dejado un legado maravilloso, que debe servir de guía para seguir construyendo el futuro. Apuntar directamente a la cabeza de los que hasta hace muy poquito tiempo eran nuestros héroes no es más que arruinar un presente por un pasado de difícil futuro; muchas generaciones de futbolistas, periodistas y aficionados hemos soñado con lo que ahora se ha conseguido; para dejar que todo se diluya por esa absurda manía del viejo circuito de la creación y en el que somos auténticos referentes en eso de destruir para luego volver a construirlo.









