Emilio Botín, el señor del dinero

El presidente del Banco Santander falleció de un infarto a los 79 años
ESPAÑA

El presidente del Banco Santander murió el pasado miércoles 10 de septiembre a causa de un infarto de miocardio. Botín, la cara visible del sistema en España, dejó tras de sí una exitosa carrera en el plano económico que llevó a su banco a convertirse en uno de los más importantes del planeta. Pero también una estrecha relación con el poder, una serie de escándalos financieros y una vida de espaldas al ciudadano de a pie que le dan a su figura un aire oscuro.

Dice el saber popular que todos los hombres ricos fueron, antes, en algún momento de sus vidas, pobres. Este, sin duda, no es el caso de Emilio Botín Sanz de Sautuola y García de los Ríos (Santander, 1934), el último eslabón de una estirpe de banqueros iniciada por su abuelo Emilio en 1909, cuando se convirtió en el primer presidente del Banco Santander. Pero no fue su abuelo, sino su padre, quien dio a su ilustre apellido el poder que posee hoy en día. Siempre bien relacionado entre la aristocracia en la oscura época franquista, aprovechó el pequeño giro neoliberal de los últimos años del régimen primero, y su definitivo asentamiento con la llegada de la democracia después, para hacer del banco cántabro una empresa sólida. A ello contribuyó la compra del Banco Mercantil.

Cuando el joven Emilio llegó a la presidencia del Santander en 1986, muy pocos creían en su capacidad para liderar a la empresa. Veían en él a un chico tosco y sin grandes ideas. Pero pronto se encargó de desmontar esos tópicos. Basado en un ideario aún más radical y más agresivo que el de su padre, consiguió expandir los tentáculos del Santander por el continente americano y convertirlo en el banco más importante de la zona euro y uno de los más importantes del mundo, con casi 200.000 empleados. Siempre llevó a rajatabla su principal premisa: devorar antes de que te devoren.

El currículum de Botín al frente del Grupo Santander está marcado por algunas acciones brillantes desde el punto de vista económico. Recogió el quinto banco de España y lo convirtió en el primero por medio de la absorción de sus competidores. Las más importantes fueron las del Banesto y el Central Hispano, que desbancaron al BBV del trono del sistema financiero español.

Su relación con el poder siempre fue de lo más estrecha. No se le recuerda ninguna declaración especialmente agresiva hacia ninguno de los presidentes españoles durante la democracia. Es más, mostró su apoyo expreso a todos ellos, como en la intervención de Rumasa por parte del gobierno de Felipe González. Además fue uno de los principales beneficiados de las medidas financieras impulsadas por ucedistas, socialistas y populares. Entre la población, Botín siempre tuvo fama de ser quien movía los hilos de unos partidos políticos maniatados por la deuda producida por años de campañas electorales que nunca podrían ser saldadas, y que la mayoría de ellas estaban contraídas con el Banco Santander.

El otro Botín

Pero la figura de Botín, hoy encumbrada por políticos y medios de comunicación, esconde un trasfondo oscuro. Desde que estalló la crisis económica en 2007, el Santander ha estado implicado en casi todos los escándalos financieros a nivel mundial. El primero, en 2008, cuando con la quiebra de Lehman Brothers se esfumaron los más de 500 millones de euros de sus clientes que el banco cántabro había invertido a través de bonos estructurados. El fondo inmobiliario Banif, el impulsor de la operación y filial del Santander, se congeló en 2009 y dejó atrapados a cientos de inversores. Más tarde, la Fiscalía decretó que se trataba de un fondo especulativo y que vendía a precios simulados.

Más grave fue su participación en una de las estafas financieras más importantes de la historia. Apenas unas semanas antes de que saltara el escándalo de Bernanrd Madoff, el Santander invirtió 2.300 millones de euros de sus clientes en unos productos que consideraba “impecables”.

Además, el Santander fue multado con más de 17 millones de euros por diversas infracciones, como la venta de unos arriesgados bonos convertibles a unos ahorradores que no cumplían el perfil de riesgo adecuado, y que supusieron unas pérdidas superiores al 50% para estos inversores.

En el plano personal, Botín se vio envuelto en un grave escándalo al encontrarse una cuenta en el banco HSBC de Suiza a nombre de su familia con más de 2.000 millones de euros, y que se encontraban fuera del alcance del Fisco español. El gurú de las finanzas declaró que se trataba de un dinero que les dejó en herencia su padre. El entuerto se resolvió con el pago de 200 millones de euros a Hacienda, apenas un 1% de la cantidad oculta en el país helvético.

Emilio Botín, el señor del dinero en España, fue la cara visible del sistema durante años. Construyó su imperio a base de agresivas operaciones financieras que no le impidieron seguir aumentando su patrimonio y su influencia ni siquiera durante la crisis, mientras el pueblo se ahogaba entre deudas y desahucios producidos por préstamos de alto riesgo del que su banco fue uno de los principales culpables. Célebre es ya su frase, pronunciada en Nueva York en 2013, en la que aseguraba que a España le estaba “llegando dinero de todas partes”. Pero ni siquiera él, que vivió siempre por encima del resto, pudo evitar la medida más democrática de la vida: la muerte le sorprendió tras un infarto de miocardio. Ahora, todos los ojos apuntan hacia su hija Ana Patricia, la heredera del imperio.

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