Los últimos libros

La última viuda de la Confederación lo cuenta todo

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Antonio Castillo

Empezó a escribir en Vietnam. Como Salinger, que exorcizaba con la redacción de El guardián entre el centeno la desazón y tal vez el asco que sentía cada vez que interrogaba a un prisionero nazi, Allan Gurganus volcó en el papel lo que le rondaba por el corazón y la cabeza –quizá más por el corazón que por la cabeza– durante los tres años que pasó a bordo del USS Yorktown.

Desierto

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Antonio Castillo

Hay algo que conmueve profundamente en Desierto, algo difícil de expresar y que tiene que ver con la entereza y la dignidad de sus personajes, obligados a abandonar su majestuoso hábitat. Lo hacen sin quejarse, con una fortaleza extraña que uno no sabe de dónde sale y que les impele a avanzar sobreponiéndose a las adversidades.

Vida privada

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Antonio Castillo

Hay respeto, veneración casi, en el modo en que historiadores y periodistas pronuncian la palabra «fuentes», como si  fuera el conjuro de un ámbito esotérico donde los iniciados entran en contacto con la verdad. Y, sin embargo, muchos piensan que es la literatura la que con mayor verosimilitud recrea tiempos y lugares al no tener sus entes de ficción que justificarse con la posteridad y, por añadidura, tergiversar o mentir.

Cuentos de ayer y de hoy

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Antonio Castillo

Ramón Carnicer fue un maestro de la palabra. Lo demostró en cuentos, novelas, ensayos y libros de viajes, pero también en clases que quizá cambiaron la vida de algunos alumnos. Frente a quienes lucen su talento sin desmayo, con la arrogancia y belicosidad de un espadachín de película, él esgrimió la mirada atenta sobre la realidad y el trabajo discreto y bien hecho.

Argos el ciego

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Antonio Castillo

El escritor secreto falleció el 14 de junio de 1996 tras un accidente de tráfico (el Fiat Uno en el que viajaba chocó de frente con otro coche). Fue ingresado en el hospital de Comiso, la ciudad siciliana donde había nacido en 1920, con lesiones craneales y torácicas leves que hubieran debido curar en un mes, pero él tenía solo un pulmón y un corazón maltrecho y no se recuperó.

La base atómica

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Antonio Castillo

Halldór K. Laxness fue una especie rara de esponja. Para llevar la contraria a los dogmáticos que consideran que uno es siempre fiel a su esencia, signifique ese apotegma lo que signifique, dedicó todos los días de su larga vida a absorber lo que él entendía que de provechoso le salía al paso hasta completar una biografía que es una suerte de maratón del conocimiento.

Hay quien prefiere las ortigas

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Antonio Castillo

Nuestra vida puede cambiar en cuestión de segundos por una circunstancia azarosa. En lo que dura un chasquido de dedos, una trayectoria que parecía definida se deslíe en el éter y devuelve perfiles nuevos y sorprendentes. Lo vivió en sus propias carnes Junichiro Tanizaki antes de pasar a la historia de la literatura japonesa.

Las ciegas hormigas

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Antonio Castillo

Cuando Ramiro Pinilla presentó Las ciegas hormigas al Nadal de 1960 trabajaba por las mañanas en una fábrica de gas y por las tardes para una editorial de cromos. Necesitaba los dos sueldos para sacar adelante a su familia y pagar la casa que había comprado en Getxo y que bautizó como Walden en homenaje a Thoreau.

Un buen partido

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Antonio Castillo

Hay libros en los que uno se instala como en una casa. De pronto el lector vive una realidad nueva rodeado por seres de piel de papel y sangre de tinta que se convierten en compañeros de una ruta que concluirá con el punto final. Mientras dura esa travesía literaria disfruta de dos mundos complementarios y elige en cada momento cuál habita y, por añadidura, qué aire respira, qué conversaciones escucha, qué paisajes recorre.

Campo de maniobras

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Antonio Castillo

Siegfried Lenz fue llamado a filas cuando el régimen nazi daba sus últimas boqueadas. Tenía 17 años y se enfrentaba a una realidad que la propaganda ocultaba: la de la Armada que se desangraba en el Báltico, la de una cotidianidad que difuminaba los contornos de la locura y la cordura.

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