Hay respeto, veneración casi, en el modo en que historiadores y periodistas pronuncian la palabra «fuentes», como si fuera el conjuro de un ámbito esotérico donde los iniciados entran en contacto con la verdad. Y, sin embargo, muchos piensan que es la literatura la que con mayor verosimilitud recrea tiempos y lugares al no tener sus entes de ficción que justificarse con la posteridad y, por añadidura, tergiversar o mentir.