Siempre me ha llamado la atención los tiempos que se marcan en unas elecciones generales; primero la campaña, preñada de promesas y propuestas, cargada de anuncios que el escenario convertirá en intenciones y el tiempo en simples mentiras; luego las encuestas, un ejercicio de equilibrismo donde se confunden realidad y ficción, necesidad e interés y donde la verdad permanece oculta al pairo de aviesas intenciones; llega el voto, el recuento y las excusas, dientes, dientes, que diría la Pantoja, una cosa es lo