Quizá pensaban, al tomar posesión del gobierno hace algo más de dos años, que bastaba con gestionar la crisis (bueno, más bien con dejar que manejasen la crisis desde el gobierno alemán y el Banco Central Europeo), con la esperanza de que antes de 2015 surgiesen brotes verdes o luces al final del túnel suficientes para justificar sus cuatro años de legislatura y recoger otro triunfo electoral, aunque fuese un tanto devaluado.